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Editorial TA 205 | Innovar también es aprender a mirar el campo de otra manera

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La agricultura está entrando en una etapa en la que la tecnología ya no solamente ayuda a producir más: comienza a observar, interpretar, anticipar e incluso tomar decisiones.

En esta edición de TecnoAgro, dedicada a las innovaciones tecnológicas, quisimos mirar más allá de las novedades comerciales para preguntarnos qué tecnologías están cambiando realmente la manera en que entendemos y manejamos el campo.

Los ejemplos son sorprendentes.

En México, investigadores han desarrollado una cámara térmica de bajo costo que puede viajar a bordo de un dron y obtener información relacionada con el estado hídrico de los cultivos. Una herramienta que apunta hacia algo fundamental en un país donde el agua representa uno de nuestros mayores desafíos: detectar mejor para decidir mejor.

También estamos comenzando a hablar de gemelos digitales agrícolas, representaciones virtuales que permiten modelar el comportamiento de un cultivo y que, al integrarse con sensores, datos e inteligencia artificial, podrían ayudarnos a experimentar primero en una computadora antes de modificar las condiciones del sistema productivo real.

Mientras tanto, la robótica avanza rápidamente. Las nuevas máquinas agrícolas ya no solamente se desplazan: incorporan cámaras, sensores e inteligencia artificial para reconocer plantas, identificar frutos, detectar anomalías y realizar tareas cada vez más complejas. La agricultura autónoma comienza a construirse a partir de tractores sin conductor, drones, robots, sensores y plataformas digitales capaces de comunicarse entre sí.

Pero probablemente una de las discusiones más importantes de esta edición no esté en las máquinas, sino en algo invisible:

los datos.

La inteligencia artificial aprende de la información que recibe. Y si queremos sistemas capaces de comprender nuestros cultivos, variedades, suelos y condiciones climáticas, México tendrá que generar, organizar, validar y proteger su propia información agrícola.

¿De quién serán esos datos? ¿Quién podrá utilizarlos? ¿Quién entrenará los modelos que mañana podrían recomendar cuándo regar, detectar una enfermedad o anticipar una cosecha?

Son preguntas que apenas comenzamos a responder.

También debemos mantener una perspectiva crítica. No toda tecnología experimental está lista para utilizarse comercialmente y no todo lo que hoy denominamos “inteligencia artificial” puede sustituir el conocimiento agronómico.

La innovación verdaderamente valiosa no consiste en utilizar tecnología porque existe.

Consiste en utilizarla para resolver problemas reales.

Ahorrar agua.

Reducir insumos.

Detectar enfermedades antes.

Disminuir pérdidas.

Mejorar rendimientos.

Facilitar labores difíciles.

Tomar decisiones con mayor información.

Y hacer que esas soluciones sean accesibles para productores de diferentes escalas.

Quizá el campo del futuro no sea aquel donde desaparezcan las personas y trabajen solamente las máquinas.

Será aquel donde productores, técnicos y agrónomos tengan nuevas herramientas para comprender lo que sucede en cada parcela e incluso en cada planta.

Porque después de recorrer las innovaciones que presentamos en esta edición queda algo muy claro:

el futuro de la agricultura no será solamente más tecnológico. Tendrá que ser más inteligente, más preciso y, sobre todo, más útil para quien produce.

Ana Rocío Serna
Directora General
TecnoAgro

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