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Las nuevas enfermedades que están apareciendo por el cambio climático dentro de los invernaderos

Por TecnoAgro

Durante años, la agricultura protegida se consolidó como una de las herramientas más eficientes para reducir riesgos climáticos, aumentar la productividad y mejorar la calidad de los cultivos. Sin embargo, el cambio climático está planteando nuevos desafíos incluso dentro de los invernaderos. Temperaturas más elevadas, noches cada vez más cálidas, cambios en la humedad relativa y fenómenos meteorológicos extremos están modificando el comportamiento de plagas y enfermedades de formas que hace apenas una década eran poco frecuentes o incluso desconocidas.

Los productores de tomate, pimiento, pepino, berries y otras hortalizas bajo cubierta comienzan a enfrentar situaciones en las que los programas tradicionales de manejo fitosanitario ya no ofrecen los mismos resultados. La razón no siempre está relacionada con la eficacia de los productos o la calidad de la aplicación, sino con un cambio más profundo: la transformación de las condiciones ambientales que favorecen la aparición, supervivencia y dispersión de diversos patógenos.

Un nuevo escenario dentro del invernadero

Aunque los invernaderos permiten controlar parcialmente el clima, no son sistemas aislados del entorno. El aumento global de la temperatura está provocando que las condiciones internas también cambien. En muchas regiones agrícolas de México y Latinoamérica, las temperaturas nocturnas han mostrado incrementos sostenidos durante los últimos años.

Las noches cálidas generan un efecto que frecuentemente pasa desapercibido. Mientras durante el día los productores suelen concentrarse en controlar el exceso de calor, las temperaturas nocturnas elevadas pueden favorecer la germinación de esporas, aumentar la actividad metabólica de algunos patógenos y reducir la capacidad de recuperación de las plantas.

Además, cuando las temperaturas nocturnas permanecen elevadas, la planta incrementa su respiración y consume más energía. Esto puede traducirse en un debilitamiento gradual que la vuelve más susceptible a enfermedades oportunistas.

Enfermedades que están cambiando su comportamiento

Uno de los casos más evidentes es el de la botritis (Botrytis cinerea). Tradicionalmente asociada a condiciones de humedad elevada y temperaturas moderadas, esta enfermedad ha mostrado una capacidad notable de adaptación a diferentes escenarios ambientales.

En cultivos de tomate y berries bajo cubierta, diversos asesores reportan ciclos de infección más agresivos y periodos más prolongados de actividad, especialmente cuando se combinan noches cálidas con condensación interna.

Otro caso relevante corresponde a enfermedades causadas por especies de Fusarium. Aunque estos hongos han estado presentes durante décadas, el estrés térmico y las fluctuaciones ambientales pueden favorecer una mayor incidencia y severidad de los daños.

En el caso de los cultivos de pimiento y tomate, también se observa un incremento en problemas relacionados con Pythium y otros patógenos radiculares que encuentran condiciones favorables cuando la temperatura del sustrato aumenta por encima de los niveles óptimos.

El papel de la humedad: un factor cada vez más complejo

La humedad relativa sigue siendo uno de los principales factores relacionados con el desarrollo de enfermedades. Sin embargo, el cambio climático está alterando los patrones tradicionales.

En muchas regiones se observan ciclos más extremos. Durante el día pueden registrarse temperaturas muy elevadas y humedades bajas, mientras que durante la noche se producen incrementos repentinos de humedad acompañados de condensación.

Esta alternancia genera microambientes ideales para diversos patógenos. Incluso cuando las condiciones promedio parecen adecuadas, los periodos breves de condensación pueden ser suficientes para iniciar infecciones.

Por ello, cada vez más especialistas recomiendan monitorear el déficit de presión de vapor (VPD) además de la temperatura y humedad relativa convencionales. El VPD permite comprender mejor la interacción entre la planta y el ambiente, facilitando decisiones más precisas para reducir riesgos fitosanitarios.

Nuevos desafíos en enfermedades virales

Los virus representan otro de los grandes retos emergentes para la agricultura protegida.

El caso del Virus Rugoso del Tomate (Tomato Brown Rugose Fruit Virus, ToBRFV) ha demostrado cómo una enfermedad puede expandirse rápidamente a escala global y generar pérdidas significativas.

Aunque el virus en sí no es consecuencia directa del cambio climático, las condiciones ambientales pueden influir en el comportamiento de sus vectores y en la capacidad de recuperación de las plantas afectadas.

A esto se suma la creciente movilidad de material vegetal, personas y equipos, factores que incrementan los riesgos de introducción y dispersión de nuevos patógenos.

¿Qué está ocurriendo con las plagas?

El cambio climático no solo afecta a las enfermedades. También modifica la dinámica de los insectos vectores responsables de transmitir numerosos virus.

Mosca blanca, trips y pulgones presentan cambios en sus ciclos biológicos cuando las temperaturas aumentan. En algunos casos pueden completar más generaciones por año, lo que incrementa la presión sobre los cultivos.

Esto implica que el riesgo fitosanitario ya no depende únicamente de la presencia del patógeno, sino también de la evolución de los organismos que lo transportan.

Como resultado, algunos productores observan infecciones más tempranas y una mayor velocidad de propagación dentro de las unidades de producción.

La importancia del monitoreo predictivo

Frente a este nuevo escenario, la agricultura protegida está evolucionando hacia sistemas de monitoreo cada vez más avanzados.

Ya no basta con registrar temperatura y humedad. Las herramientas modernas incorporan sensores capaces de medir variables como:

  • Temperatura foliar.
  • Humedad del sustrato.
  • Radiación.
  • Déficit de presión de vapor.
  • Conductividad eléctrica.
  • Temperatura radicular.
  • Concentración de CO₂.

La integración de estos datos permite identificar condiciones de riesgo antes de que aparezcan los síntomas visibles.

Incluso algunas plataformas comienzan a utilizar inteligencia artificial para generar alertas tempranas y predecir escenarios favorables para determinadas enfermedades.

Estrategias para reducir riesgos

Ante un panorama cada vez más complejo, los especialistas recomiendan fortalecer un enfoque preventivo.

Entre las medidas más importantes destacan:

1. Mejorar el monitoreo climático interno.
La información detallada permite anticipar problemas y ajustar estrategias de manejo.

2. Reducir periodos de condensación.
La ventilación adecuada continúa siendo una de las herramientas más eficaces para disminuir riesgos.

3. Fortalecer la sanidad radicular.
El manejo del riego, la oxigenación y la calidad del agua adquieren una importancia creciente.

4. Actualizar protocolos de bioseguridad.
La entrada de personas, herramientas y material vegetal debe controlarse rigurosamente.

5. Capacitar continuamente al personal.
La detección temprana sigue siendo uno de los factores más determinantes para evitar brotes severos.

La agricultura protegida del futuro

Durante años se consideró que los invernaderos permitían aislar los cultivos de las amenazas externas. Hoy sabemos que el cambio climático está modificando las reglas del juego incluso dentro de las estructuras más tecnificadas.

Las enfermedades ya no responden exactamente a los patrones que conocíamos. Nuevas interacciones entre temperatura, humedad, estrés fisiológico y actividad biológica están creando escenarios más complejos para los productores.

En este contexto, el éxito dependerá cada vez más de la capacidad para comprender lo que ocurre dentro del cultivo en tiempo real, anticiparse a los riesgos y tomar decisiones basadas en datos.

La agricultura protegida seguirá siendo una herramienta fundamental para garantizar la producción de alimentos de alta calidad. Sin embargo, los sistemas más exitosos serán aquellos capaces de adaptarse rápidamente a una realidad climática que continúa evolucionando.

Porque en la próxima década, el desafío ya no será únicamente producir más, sino mantener plantas sanas en un entorno cada vez más cambiante e impredecible.

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