Consulta nuestra edición digital
previous arrow
next arrow

¿Los programas biológicos están perdiendo efectividad? El debate que comienza a preocupar a la agricultura protegida

Por TecnoAgro

Durante las últimas dos décadas, la agricultura protegida ha sido uno de los principales impulsores de la adopción del control biológico en el mundo. Lo que comenzó como una alternativa para reducir el uso de plaguicidas se ha convertido en una estrategia fundamental para cumplir con las exigencias de inocuidad, sostenibilidad y acceso a mercados internacionales.

Actualmente, miles de hectáreas de tomate, pimiento, pepino, berenjena y berries dependen parcial o totalmente de programas biológicos para el manejo de plagas. Sin embargo, entre productores, asesores y responsables de producción empieza a surgir una pregunta que pocos se atreven a plantear públicamente:

¿Los programas biológicos están perdiendo efectividad o el problema está en la forma en que los estamos utilizando?

Aunque no existe una respuesta única, cada vez son más los especialistas que observan cambios en el comportamiento de algunas plagas, una mayor complejidad en los programas de manejo y una brecha creciente entre los resultados esperados y los obtenidos en campo.

Más que una crisis del control biológico, podríamos estar frente a una nueva etapa de evolución que exige replantear muchas de las prácticas que durante años se consideraron suficientes.

El éxito que transformó la agricultura protegida

Durante mucho tiempo, el control biológico fue considerado una de las mayores historias de éxito dentro de la producción bajo cubierta.

La incorporación de enemigos naturales permitió reducir aplicaciones químicas, disminuir residuos en los alimentos y mejorar la sustentabilidad de los sistemas productivos.

En diversos cultivos protegidos se lograron avances importantes en el manejo de:

  • Mosca blanca.
  • Trips.
  • Araña roja.
  • Pulgones.
  • Minadores.
  • Algunas enfermedades asociadas a plagas vectores.

El modelo parecía claro: introducir organismos benéficos, monitorear poblaciones y mantener el equilibrio biológico dentro del cultivo.

Sin embargo, el escenario actual es mucho más complejo que hace quince años.

Cuando el programa funciona en papel, pero no en el cultivo

Uno de los comentarios más frecuentes entre productores es que el programa biológico parece estar correctamente diseñado, pero los resultados ya no son tan consistentes como antes.

Los organismos benéficos se liberan en tiempo y forma.

Los monitoreos se realizan.

Las recomendaciones técnicas se siguen.

Y aun así, algunas plagas alcanzan niveles que obligan a realizar intervenciones extraordinarias.

¿Por qué ocurre esto?

La respuesta probablemente no está en un solo factor, sino en la interacción de múltiples variables que han cambiado durante los últimos años.

El cambio climático está modificando las reglas del juego

Uno de los elementos menos discutidos es el impacto del cambio climático sobre las relaciones entre plagas y enemigos naturales.

Las temperaturas más elevadas pueden acelerar los ciclos biológicos de ciertos insectos plaga.

En algunos casos, una plaga puede completar más generaciones por temporada que su enemigo natural.

Cuando esto ocurre, el equilibrio biológico comienza a inclinarse.

Por ejemplo, diversas investigaciones han demostrado que pequeños cambios de temperatura pueden alterar:

  • Tasas de reproducción.
  • Velocidad de desarrollo.
  • Capacidad de dispersión.
  • Comportamiento alimenticio.
  • Éxito reproductivo.

No todas las especies responden de la misma manera.

Algunas plagas parecen adaptarse más rápidamente que ciertos organismos benéficos.

¿Las plagas están desarrollando nuevas formas de adaptación?

Tradicionalmente, cuando se habla de resistencia se piensa en productos químicos.

Sin embargo, algunos investigadores comienzan a estudiar otro fenómeno: la adaptación conductual y biológica de las plagas frente a presiones de control constantes.

No significa que una mosca blanca se vuelva “resistente” a un parasitoide de la misma forma que ocurre con un insecticida.

Pero sí pueden ocurrir modificaciones en comportamiento, distribución dentro del cultivo o dinámica poblacional que reduzcan la eficiencia de ciertos programas.

A medida que los sistemas de producción se vuelven más intensivos, también aumentan las oportunidades para que las plagas desarrollen estrategias de supervivencia más eficientes.

Es un campo de estudio relativamente nuevo, pero que probablemente recibirá mucha atención durante los próximos años.

El problema podría estar en la biodiversidad

Paradójicamente, el éxito del control biológico ha llevado a muchos sistemas a depender de un número reducido de especies benéficas.

En algunos casos, programas completos descansan sobre pocos organismos liberados de manera repetitiva.

Cuando el ecosistema se simplifica demasiado, puede perder capacidad de adaptación frente a cambios inesperados.

La naturaleza rara vez funciona mediante una sola especie controlando otra.

Generalmente existen redes complejas de interacción.

Por ello, algunos especialistas consideran que el futuro del control biológico podría orientarse hacia estrategias con mayor diversidad funcional y no únicamente hacia el incremento de liberaciones.

El enemigo invisible: los errores operativos

Antes de culpar a los organismos benéficos, es importante reconocer que muchos problemas tienen origen en aspectos operativos.

Algunas situaciones frecuentes incluyen:

  • Liberaciones tardías.
  • Monitoreo insuficiente.
  • Falta de capacitación.
  • Aplicaciones incompatibles.
  • Problemas de calidad en la recepción de organismos.
  • Condiciones ambientales inadecuadas.

Un programa biológico puede parecer completo sobre el papel y fracasar simplemente porque las condiciones reales del invernadero no permiten que los organismos se establezcan adecuadamente.

En muchos casos, la efectividad disminuye no porque el sistema haya dejado de funcionar, sino porque el margen de error se ha reducido.

El impacto de las nuevas variedades y sistemas productivos

La agricultura protegida actual es muy diferente a la de hace una década.

Las nuevas variedades presentan características distintas.

Los sistemas de conducción son más intensivos.

Las densidades de plantación han aumentado.

Los ciclos productivos son más largos.

Todo ello modifica el ambiente donde interactúan plagas y organismos benéficos.

Una estrategia diseñada hace diez años podría no ofrecer el mismo desempeño bajo las condiciones actuales.

Esto obliga a revisar continuamente los programas y evitar la idea de que existe una receta permanente para todos los escenarios.

La inteligencia artificial llega al control biológico

Uno de los desarrollos más interesantes es la incorporación de tecnologías digitales al manejo biológico.

Actualmente comienzan a utilizarse herramientas capaces de:

  • Detectar plagas mediante visión artificial.
  • Analizar patrones de infestación.
  • Predecir brotes poblacionales.
  • Optimizar momentos de liberación.
  • Generar alertas tempranas.

La combinación entre control biológico e inteligencia artificial podría representar uno de los avances más importantes de la próxima década.

En lugar de reaccionar cuando la plaga ya está presente, los sistemas podrán anticiparse a su aparición.

¿El futuro será completamente biológico?

Aunque muchas empresas trabajan para ampliar las soluciones biológicas disponibles, la mayoría de los expertos coincide en que el futuro probablemente no será exclusivamente biológico ni exclusivamente químico.

La tendencia apunta hacia programas integrados donde:

  • Biológicos.
  • Herramientas digitales.
  • Manejo climático.
  • Nutrición.
  • Bioestimulación.
  • Aplicaciones selectivas.

Trabajen de manera coordinada.

La clave será comprender que el control biológico no es un producto, sino una estrategia que depende de múltiples factores.

La pregunta correcta quizá no sea la que estamos haciendo

Cuando un programa pierde eficacia, la reacción inmediata suele ser preguntarse si el organismo benéfico ya no funciona.

Sin embargo, la verdadera pregunta podría ser otra:

¿Está cambiando el sistema de producción más rápido que nuestras estrategias de manejo?

Las plagas evolucionan.

El clima cambia.

Las variedades se transforman.

Los mercados exigen nuevas condiciones.

Y la agricultura protegida se vuelve cada vez más intensiva.

En este contexto, los programas biológicos no necesariamente están perdiendo efectividad. Lo que está ocurriendo es que enfrentan desafíos mucho más complejos que los que existían cuando comenzaron a utilizarse masivamente.

Quienes comprendan esta nueva realidad y adapten sus estrategias tendrán mayores posibilidades de mantener cultivos sanos, reducir costos y cumplir con las exigencias de una agricultura moderna que cada año demanda más precisión, más conocimiento y una visión más integral del manejo fitosanitario.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio