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El enemigo invisible de la mosca blanca: ¿qué microorganismos transporta?

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Una investigación realizada en Qatar revela que la mosca blanca de los invernaderos alberga una compleja comunidad de bacterias, virus y arqueas. Algunos microorganismos podrían favorecer su supervivencia y otros estar relacionados con mecanismos de patogenicidad. Comprender estas asociaciones abre nuevas posibilidades para el manejo de plagas en tomate y pepino.

Cuando un productor encuentra mosca blanca en sus cultivos, normalmente piensa en los daños que provoca al alimentarse de la savia, la aparición de mielecilla, el desarrollo de fumagina y el riesgo de transmisión de enfermedades virales.

Sin embargo, existe otro aspecto menos visible de esta plaga: los microorganismos que viven dentro de ella o están asociados con su cuerpo.

Una investigación publicada en mayo de 2025 en la revista científica Frontiers in Plant Science estudió precisamente ese universo microscópico.

El trabajo, desarrollado principalmente por investigadores de la Universidad de Qatar, analizó las comunidades microbianas asociadas con Trialeurodes vaporariorum, conocida como mosca blanca de los invernaderos, en instalaciones comerciales dedicadas a la producción de tomate y pepino.

Los resultados muestran que este insecto no actúa de manera aislada. Forma parte de un sistema biológico complejo en el que participan bacterias simbiontes, virus y otros microorganismos cuyas funciones apenas comenzamos a comprender.

Una plaga conocida, pero con una biología todavía por descubrir

Trialeurodes vaporariorum es una especie ampliamente distribuida que afecta numerosas hortalizas y cultivos ornamentales.

Su capacidad reproductiva y su adaptación a los ambientes protegidos complican su manejo.

Pero el insecto no depende exclusivamente de sus propios recursos biológicos para sobrevivir.

Como ocurre con muchos organismos, mantiene relaciones con microorganismos que pueden proporcionarle funciones adicionales.

Algunas bacterias simbiontes participan en el metabolismo de nutrientes que resultan escasos en su alimentación. Otras pueden influir en la tolerancia al estrés o en las interacciones con enemigos naturales.

Esto plantea una pregunta importante para la protección vegetal:

¿Podrían los microorganismos asociados con una plaga ayudarnos a comprender por qué sobrevive, se reproduce o responde de manera diferente a las estrategias de control?

Tres invernaderos comerciales bajo observación

La investigación se desarrolló en instalaciones de la empresa agrícola AGRICO, en Al-Khor, Qatar, aproximadamente a 58 kilómetros de Doha.

Los científicos estudiaron tres sectores de producción: pepino tipo Mini Munch, tomate cherry y tomate tipo Beef.

Entre febrero y junio de 2022 realizaron muestreos semanales mediante trampas amarillas adhesivas, trampas de luz ultravioleta, aspiradores y recolección manual.

También registraron temperatura, humedad relativa y otras variables ambientales.

Durante el monitoreo identificaron 42 tipos de insectos pertenecientes a diferentes grupos taxonómicos, entre ellos minadores, lepidópteros, moscas blancas y organismos potencialmente benéficos.

Trialeurodes vaporariorum destacó como una de las plagas relevantes del sistema.

Su abundancia presentó una asociación positiva con la temperatura y negativa con la humedad relativa en los sectores estudiados.

Es decir, bajo aquellas condiciones, las poblaciones tendieron a aumentar cuando las temperaturas fueron mayores.

Sin embargo, estas correlaciones no demuestran que la temperatura sea el único factor responsable del crecimiento poblacional. También intervienen el cultivo, el manejo, los enemigos naturales y otros componentes del ambiente.

Metagenómica: investigar todo lo que lleva una mosca blanca

Para estudiar los microorganismos asociados con el insecto, los investigadores recurrieron a la metagenómica, una técnica que permite analizar material genético procedente de comunidades microbianas.

A diferencia de los métodos tradicionales, que requieren cultivar microorganismos individualmente en laboratorio, la metagenómica permite detectar secuencias de ADN de numerosos organismos presentes en una muestra.

Posteriormente, mediante herramientas bioinformáticas, esas secuencias se comparan con bases de datos para identificar posibles microorganismos y funciones genéticas.

En la mosca blanca estudiada se encontraron señales correspondientes a bacterias, virus y arqueas.

Pero existe una precisión indispensable: detectar ADN microbiano no demuestra necesariamente que todos esos organismos estén vivos, sean capaces de infectar plantas o puedan transmitirse durante la alimentación del insecto.

La metagenómica permite descubrir asociaciones y formular hipótesis, pero algunas requieren experimentos adicionales para comprobarse.

Las bacterias que podrían ayudar a sobrevivir a la plaga

Entre los resultados más importantes apareció una marcada presencia de bacterias pertenecientes al grupo Pseudomonadota, anteriormente conocido como Proteobacteria.

Este grupo representó aproximadamente 80.9% de las lecturas bacterianas clasificadas.

Dentro de él destacaron tres asociaciones microbianas:

Microorganismo identificadoProporción de lecturas bacterianasImportancia biológica
Candidatus Portiera aleyrodidarum42.7%Simbionte relacionado con funciones nutricionales esenciales
Candidatus Hamiltonella defensa23.8%Bacteria simbionte asociada en otros insectos con mecanismos de protección
Wolbachia6.3%Grupo de bacterias conocido por sus interacciones con la reproducción y fisiología de artrópodos

Estos porcentajes representan lecturas genéticas clasificadas, no porcentajes de insectos infectados ni cantidades absolutas de bacterias.

La presencia de Portiera resulta especialmente interesante.

La savia del floema, de la cual se alimentan las moscas blancas, contiene abundantes azúcares, pero puede presentar desequilibrios en aminoácidos esenciales.

Los simbiontes nutricionales ayudan a compensar algunas de estas limitaciones.

En otras palabras, parte del éxito biológico de la mosca blanca podría depender de microorganismos que complementan su alimentación.

Hamiltonella, por su parte, ha sido estudiada por sus posibles funciones protectoras en diferentes insectos. Sin embargo, la investigación de Qatar no demostró directamente que esa bacteria protegiera a los ejemplares analizados frente a un enemigo natural específico.

Virus y arqueas: un universo todavía poco comprendido

La investigación también identificó secuencias asociadas con diversos grupos virales.

Entre las lecturas virales clasificadas destacaron las relacionadas con Nucleocytoviricota, con aproximadamente 42.8%, y Uroviricota, con 26%.

Los primeros incluyen virus de ADN de gran tamaño; el segundo grupo comprende principalmente virus asociados con bacterias.

Esto es importante porque no todos los virus detectados en un insecto son virus de plantas.

Algunos pueden infectar bacterias, otros organismos o formar parte de material genético presente en el ambiente.

Por ello, sería incorrecto interpretar la diversidad viral encontrada como una lista de enfermedades que la mosca blanca transmite al tomate y al pepino.

También se detectaron secuencias de arqueas, microorganismos distintos de las bacterias que participan en numerosos procesos ecológicos.

Entre las lecturas de arqueas predominó el grupo Euryarchaeota, con aproximadamente 68.3%.

Su presencia amplía el panorama de diversidad microbiana asociada con el insecto, aunque las funciones que podrían desempeñar en esta relación siguen siendo inciertas.

¿Puede la mosca blanca transportar microorganismos capaces de dañar plantas?

Los investigadores realizaron un análisis adicional para identificar genes y dominios de proteínas potencialmente relacionados con funciones biológicas.

Encontraron señales asociadas con metabolismo, transporte de sustancias, respuesta al estrés, protección simbiótica y mecanismos que, en determinados organismos, pueden participar en procesos de patogenicidad.

Entre ellas aparecieron dominios relacionados con enzimas capaces de degradar componentes de paredes celulares vegetales.

Este resultado merece atención, pero no debe exagerarse.

La presencia de un dominio genético asociado con una función potencial no confirma que el microorganismo produzca esa enzima en condiciones reales ni que provoque una enfermedad en el cultivo.

Para demostrar transmisión o patogenicidad sería necesario aislar o identificar con mayor precisión al organismo, comprobar su actividad y realizar ensayos de infección bajo condiciones controladas.

El estudio proporciona pistas sobre funciones posibles, no una demostración de nuevos patógenos transmitidos por la mosca blanca.

Una nueva perspectiva para el manejo integrado

La investigación plantea una posibilidad de gran interés: estudiar las relaciones entre insectos y microorganismos como parte de futuras estrategias de manejo integrado de plagas.

Actualmente, buena parte de las decisiones de control se concentra en reducir poblaciones mediante medidas preventivas, barreras físicas, enemigos naturales y productos fitosanitarios autorizados.

El conocimiento del microbioma podría añadir una dimensión diferente.

Por ejemplo, investigar si determinadas bacterias influyen en la tolerancia del insecto a condiciones ambientales adversas o modifican su susceptibilidad a organismos entomopatógenos.

También podría ayudar a comprender diferencias entre poblaciones de una misma especie.

Sin embargo, todavía no existe evidencia suficiente en este estudio para recomendar tratamientos destinados a eliminar simbiontes específicos.

Modificar comunidades microbianas dentro de insectos representa un desafío técnico y ecológico que requiere investigación adicional.

¿Qué significa para los productores mexicanos?

México cuenta con una extensa actividad hortícola bajo agricultura protegida, especialmente en tomate, pepino y pimiento.

En estos sistemas, la mosca blanca continúa siendo una plaga de importancia económica.

La investigación realizada en Qatar sugiere nuevas preguntas que podrían estudiarse en condiciones mexicanas.

La primera sería conocer si las poblaciones de Trialeurodes vaporariorum presentes en nuestros invernaderos albergan comunidades microbianas semejantes.

También resultaría interesante comparar el microbioma de poblaciones procedentes de distintas regiones productoras y sistemas de manejo.

Otro aspecto sería investigar las posibles relaciones entre microorganismos simbiontes, temperatura, supervivencia del insecto y respuesta a agentes de control biológico.

Pero es indispensable distinguir correctamente las especies de mosca blanca.

En México también tiene gran importancia Bemisia tabaci, un complejo de especies que presenta diferencias biológicas y epidemiológicas respecto de Trialeurodes vaporariorum.

Por tanto, los resultados obtenidos para una especie no deben extrapolarse automáticamente a la otra.

Mientras estas investigaciones avanzan, las recomendaciones prácticas continúan siendo el monitoreo oportuno, la identificación correcta de la plaga, la exclusión física, la conservación o liberación de enemigos naturales y la rotación de herramientas de control conforme a los programas de manejo integrado.

El próximo objetivo podría estar dentro del insecto

Durante décadas hemos estudiado a las plagas observando su reproducción, alimentación, movilidad y daños sobre los cultivos.

La metagenómica permite investigar una dimensión adicional: los microorganismos asociados con su biología.

El trabajo desarrollado en Qatar no presenta una solución inmediata contra la mosca blanca ni demuestra que los microorganismos encontrados sean responsables directos de las pérdidas de rendimiento.

Su aportación es revelar la complejidad microbiana de una plaga conocida y señalar nuevas preguntas para la investigación fitosanitaria.

Porque una mosca blanca no es solamente un insecto alimentándose de una hoja.

También es el punto de encuentro de numerosos microorganismos cuyas relaciones podrían ayudarnos a comprender mejor su capacidad de adaptación.

Y quizá una parte del futuro de la protección vegetal consista en estudiar no sólo al organismo que vemos sobre el cultivo, sino también al universo microscópico que lleva consigo.


Fuente científica principal

Qush, A., Assaad, N., Alkhayat, F. A., Al-Kuwari, M. S., Al-Khalaf, N., Bassil, M., Yassine, H. M., Zeidan, A., Razali, R. y Kamareddine, L. (2025).

Insects in agricultural greenhouses: a metagenomic analysis of microbes in Trialeurodes vaporariorum infesting tomato and cucumber crops.

Frontiers in Plant Science, volumen 16, artículo 1581707. Publicado el 19 de mayo de 2025.

DOI: https://doi.org/10.3389/fpls.2025.1581707

Investigación original:
https://www.frontiersin.org/journals/plant-science/articles/10.3389/fpls.2025.1581707/full

Texto completo en PubMed Central:
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12127405/

Datos científicos depositados en NCBI BioProject: PRJNA1216413.

Nota editorial: Artículo de divulgación científica elaborado originalmente para TecnoAgro a partir de los resultados publicados por los investigadores. No es una traducción ni reproducción del documento académico. El estudio científico está publicado bajo licencia Creative Commons CC BY, con atribución a sus autores.

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