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El plástico ha sido una herramienta extraordinariamente eficiente para producir fresas y hortalizas, incluso bajo manejo orgánico. Pero deja detrás un problema difícil de ignorar: residuos persistentes y microplásticos en el suelo. Investigaciones recientes están probando desde coberturas vegetales hasta películas biodegradables. Los resultados muestran que sí existen alternativas, pero ninguna es todavía una sustitución universal.
Durante décadas, el acolchado plástico negro ha resuelto varios problemas al mismo tiempo: limita el crecimiento de malezas, conserva humedad, modifica la temperatura del suelo, mantiene el fruto separado de la tierra y puede contribuir a elevar la productividad.
Su eficacia explica por qué continúa utilizándose ampliamente. Una revisión publicada en 2026 en Nature Reviews Earth & Environment señala que las películas agrícolas pueden incrementar los rendimientos entre 7 y 48% y la retención de agua del suelo entre 9 y 25%, dependiendo del cultivo y las condiciones. Nature
El problema aparece después.
Al terminar el ciclo hay que retirar el plástico y manejar un material frecuentemente contaminado con suelo y residuos vegetales. Además, pequeñas fracciones pueden permanecer en la parcela y continuar fragmentándose.
Por ello, la discusión ya no consiste en determinar si el plástico funciona agronómicamente. Funciona. La pregunta es si podemos obtener beneficios similares sin dejar una herencia de plástico en el suelo.
El problema que no vemos: el plástico se hace cada vez más pequeño
El polietileno utilizado convencionalmente no desaparece simplemente porque deje de ser visible.
Radiación ultravioleta, temperatura, humedad, abrasión, labores agrícolas y actividad biológica contribuyen a fragmentarlo. Parte del material termina convirtiéndose en partículas cada vez menores.
Una revisión global publicada en 2026 advierte que las películas agrícolas constituyen una fuente de microplásticos, nanoplásticos y aditivos químicos en los suelos. Nature
Un metaanálisis de 134 estudios y 2,229 observaciones, publicado también en 2026, ilustra muy bien la contradicción. El acolchado plástico incrementó en promedio el rendimiento de los cultivos 18.29% y la eficiencia en el uso del agua 33.67%. Sin embargo, los microplásticos asociados se relacionaron con deterioro de propiedades físicas del suelo, modificaciones de las comunidades microbianas y alteraciones del ciclo del nitrógeno. ScienceDirect
No significa que colocar una película plástica provoque inmediatamente esos efectos. Los impactos dependen de concentración, tiempo, polímero, suelo y ambiente.
Pero sí obliga a pensar en algo fundamental para la agricultura sustentable:
¿qué ocurre después de años de repetir la misma práctica?
California ensaya una alternativa radical: cultivar el propio acolchado
Una investigación del California Organic Center del Rodale Institute llevó esta pregunta directamente a un sistema comercialmente relevante: fresa orgánica.
El ensayo se realizó en Camarillo, California, durante dos temporadas, entre 2022 y 2024. Los investigadores compararon el acolchado convencional de polietileno negro con cuatro estrategias vegetales: trébol blanco como cobertura viva; dos tratamientos basados en sorgo-sudán combinado con chícharo de campo; y una mezcla de trigo sarraceno con chícharo. PubMed
La diferencia conceptual es enorme.
En lugar de fabricar, transportar, instalar y finalmente retirar una película, la propia parcela produce el material destinado a cubrir el suelo.
En los tratamientos con cultivos de cobertura, las plantas fueron terminadas mediante rodillo —roller-crimper— para formar una capa de residuos sobre la superficie. El trébol, por el contrario, funcionó como cobertura viva.
Los investigadores evaluaron propiedades y actividad biológica del suelo, supresión de malezas y rendimiento de la fresa.
¿Resultado?
No existe todavía un sustituto perfecto del plástico, pero algunos tratamientos demostraron que la idea es mucho más que una curiosidad experimental.
El sorgo mostró algo particularmente interesante
Las coberturas basadas en sorgo-sudán produjeron cantidades elevadas de residuos y fueron las alternativas más prometedoras.
En 2023, los tratamientos con sorgo alcanzaron rendimientos de fresa comparables con el acolchado plástico. Y bajo las condiciones de menor rendimiento observadas en 2024, los tratamientos basados en sorgo superaron al plástico. También se observaron, en determinados momentos del ensayo, incrementos de carbono y nitrógeno orgánicos y de materia orgánica del suelo. MDPI
Esto no demuestra que el sorgo pueda reemplazar automáticamente al plástico en cualquier plantación de fresa.
Demuestra algo quizá más importante:
un acolchado vegetal puede cumplir funciones productivas y, simultáneamente, alimentar al suelo.
Con el plástico buscamos fundamentalmente modificar físicamente el ambiente del cultivo.
Con una cobertura vegetal podemos aspirar además a incorporar carbono, proteger la superficie, favorecer procesos biológicos y reducir la dependencia de materiales externos.
Pero existe un obstáculo importante.
Las malezas siguen siendo el gran examen
Una de las razones por las que el plástico negro es tan difícil de reemplazar es su eficacia para bloquear malezas.
Los sistemas vegetales dependen de producir suficiente biomasa y conseguir una cobertura suficientemente densa y persistente. Si quedan espacios abiertos, las malezas encuentran luz y oportunidad para establecerse.
El estudio californiano encontró diferencias claras entre las estrategias de cobertura, y los autores concluyeron que las alternativas vegetales son prometedoras, pero todavía requieren optimizar la producción de biomasa y la supresión de malezas para funcionar consistentemente como sustitutos del plástico. PubMed
El trébol vivo plantea además otro dilema.
Una planta que permanece viva entre el cultivo comercial puede proteger el suelo y prestar servicios ecosistémicos, pero también compite por agua, nutrientes y espacio.
Por ello, “natural” no significa automáticamente “mejor”.
La agronomía continúa mandando.
Entonces, ¿por qué no utilizar simplemente plástico biodegradable?
Parece la solución evidente.
Instalar una película que realice las funciones del plástico convencional y que posteriormente pueda degradarse en el suelo.
Pero aquí es importante diferenciar dos conceptos que suelen confundirse:
biobasado no necesariamente significa biodegradable, y biodegradable no necesariamente significa que el material desaparezca inmediatamente.
Durante la biodegradación, una película puede primero fragmentarse. Posteriormente los microorganismos deben transformar el material hasta productos finales como CO₂, agua y biomasa.
Temperatura, humedad, características del suelo, actividad microbiana y composición del polímero condicionan ese proceso. Springer Nature
Por eso la pregunta científica ha cambiado.
Ya no basta preguntar:
“¿Se rompe?”
Hay que preguntar:
“¿Se biodegrada completamente y qué sucede mientras lo hace?”
La evidencia de 2026 aporta buenas noticias… con precauciones
Un estudio publicado en enero de 2026 en Journal of Environmental Management evaluó campos agrícolas con uso prolongado de películas biodegradables.
Los investigadores detectaron microplásticos procedentes de estas películas únicamente en niveles traza dentro del intervalo de tamaño analizado y no encontraron una acumulación clara atribuible al uso prolongado. También observaron incrementos promedio de 27% en carbono de biomasa microbiana y cambios positivos en algunas actividades enzimáticas. Sin embargo, los efectos variaron considerablemente entre sitios y el tipo de suelo fue un factor determinante. ScienceDirect
Esto respalda el potencial de las películas biodegradables, pero no significa que el debate esté cerrado.
Otro trabajo de 2026 estudió lechuga expuesta durante ocho semanas a concentraciones consideradas representativas de campo de microplásticos procedentes de materiales biodegradables y polietileno convencional.
En esas condiciones no encontró diferencias significativas en crecimiento, biomasa vegetal, actividad microbiana ni en la mayoría de los parámetros de nutrientes analizados. Los propios investigadores advierten, sin embargo, que se trató de una exposición relativamente corta. Springer Nature
Y otras investigaciones han encontrado resultados distintos bajo diferentes condiciones.
Ésa es precisamente la lección.
“Biodegradable” no debe interpretarse como “ambientalmente inocuo en cualquier circunstancia”.
La composición del material, su certificación, la velocidad real de degradación y las condiciones del suelo importan.
No existe un único reemplazo: probablemente tendremos un menú de soluciones
La búsqueda de un acolchado más sustentable puede estar tomando una dirección diferente a la esperada.
Quizá nunca exista un material universal capaz de sustituir al polietileno negro en todos los cultivos y regiones.
Para algunas explotaciones podría funcionar una película verdaderamente biodegradable.
Para otras, un cultivo de cobertura terminado con rodillo.
En determinados sistemas, una cobertura viva.
También pueden desarrollarse estrategias híbridas.
La elección tendrá que considerar al menos cuatro variables: capacidad de controlar malezas, conservación de humedad, efecto sobre rendimiento y costo total de establecimiento y manejo.
Y habrá una quinta variable cada vez más importante:
¿qué dejamos en el suelo cuando termina el cultivo?
¿Puede funcionar en México?
Para México, esta investigación abre una oportunidad particularmente interesante.
Berries y hortalizas de alto valor utilizan sistemas intensivos donde el acolchado tiene una función agronómica importante. Simplemente eliminarlo sin sustituir sus funciones podría reducir productividad o incrementar costos de control de malezas.
Por eso la adaptación mexicana debería comenzar con ensayos regionales, no con recetas importadas.
Una cobertura que funciona en la costa de California no necesariamente tendrá el mismo comportamiento en Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Baja California o Sinaloa.
Cambian temperatura, radiación, régimen de lluvias, textura del suelo, disponibilidad de agua, presión de malezas y duración del ciclo.
México podría evaluar mezclas de cobertura adaptadas localmente y medirlas contra el sistema convencional en parcelas comerciales: toneladas de biomasa producida, porcentaje de cobertura, malezas, humedad, temperatura del suelo, rendimiento, calidad de fruta, mano de obra, costo por hectárea y cambios en materia orgánica.
Sólo entonces podremos responder la pregunta realmente importante:
¿cuánto plástico podemos retirar del sistema sin sacrificar productividad?
El acolchado del futuro quizá esté vivo
La agricultura orgánica enfrenta una contradicción incómoda: puede restringir numerosos insumos sintéticos y, al mismo tiempo, depender intensamente de kilómetros de película plástica.
Resolverla no será sencillo.
La evidencia actual tampoco justifica declarar ganador a un sistema.
El polietileno continúa ofreciendo un desempeño agronómico difícil de igualar. Las películas biodegradables son prometedoras, pero todavía requieren seguimiento de su degradación y efectos a largo plazo. Las coberturas vegetales pueden aportar beneficios adicionales al suelo, pero deben resolver problemas de biomasa, competencia y malezas. PubMed
Sin embargo, el cambio conceptual ya comenzó.
Durante décadas llevamos el acolchado a la parcela en un rollo.
Tal vez una parte del futuro consista en sembrarlo.
Fuentes principales
- Shrestha, P. et al. (2025). Living Mulches, Rolled Cover Crops, and Plastic Mulch: Effects on Soil Properties, Weed Suppression, and Yield in Organic Strawberry Systems. Plants, 14(21), 3385. DOI: 10.3390/plants14213385. PubMed
- Mazzon, M. et al. (2026). Long-term biodegradable mulch films application in agricultural fields: effects on soil functionality and microplastic generation. Journal of Environmental Management, 398, 128594. DOI: 10.1016/j.jenvman.2026.128594. PubMed
- Sadeghi Barzegar, M. et al. (2026). Short-term exposure to biodegradable mulch-film microplastics at field-realistic levels shows no effect on lettuce performance and soil health. Microplastics and Nanoplastics, 6, 28. Springer Nature
- Li, X. et al. (2026). A global meta-analysis reveals that plastic mulch enhances crop yields at the cost of soil quality loss and nitrogen-cycle disruption driven by microplastic residues. Field Crops Research, 110499. DOI: 10.1016/j.fcr.2026.110499. ScienceDirect
- The use, fate and environmental impacts of plastic films in agriculture. Nature Reviews Earth & Environment(2026), 7:528–545.





















