Socio Fundador y Director General de CEICKOR y del Centro Universitario CEICKOR
Ceickor es la empresa con la que iniciamos en 2006. Es propietaria de todo el terreno y es la encargada de la operación agrícola. Actualmente contamos con 8 hectáreas de invernadero: cinco de producción orgánica y tres convencionales. Además, realizamos tres millones de injertos al año.
Dentro de las mismas instalaciones opera también el Centro Universitario Ceickor, enfocado en la formación de talento especializado en agricultura protegida.
Los inicios de Ceickor y el surgimiento de la Universidad
Ceickor comenzó en 2006 ofreciendo distintos cursos, justo cuando México vivía un crecimiento acelerado de la agricultura protegida. Entre 2006 y 2008, el país pasó de tener aproximadamente 1,000 hectáreas de invernaderos a más de 45,000, y la industria enfrentaba una carencia enorme de técnicos especializados. La mayoría venían del extranjero para operar estos sistemas.
Ante esa necesidad, empezamos con programas de capacitación y, en 2011, surgió la idea de convertir esa experiencia en un modelo educativo formal. En 2014 inició nuestra primera generación universitaria.
La primera oferta académica fue el Técnico Superior Universitario en Cultivos Protegidos, con duración de dos años. Sin embargo, nos dimos cuenta de que necesitábamos formar profesionales con una preparación aún más sólida, por lo que creamos la Ingeniería en Agricultura Protegida, utilizando los dos primeros años como tronco común y agregando un año adicional de formación.
Hoy la universidad cuenta con cuatro invernaderos de aproximadamente 1,000 m² cada uno, donde se producen hortalizas como Grey, Roma, además de flores y próximamente berries.
Un modelo educativo único en México
La mayoría de los estudiantes cursa la ingeniería, que dura tres años y medio. Es una carrera corta pero muy intensiva. Todos los alumnos viven en las instalaciones, lo que permite tener clases tanto por la mañana como por la tarde y mantener una carga académica robusta que acelera el aprendizaje.
Este modelo de internado fortalece no solo su formación técnica, sino también su crecimiento humano:
puntualidad, respeto, disciplina, convivencia y trabajo en equipo. Los grupos son de 25 estudiantes que permanecen juntos toda la carrera, por lo que se crean vínculos reales y relaciones duraderas.
El enfoque es totalmente práctico:
aprender haciendo.
Los estudiantes trabajan en los invernaderos, desarrollan proyectos y viven la operación real de la industria.
El último semestre se realizan prácticas profesionales en empresas del sector, muchas de ellas donantes del fondo de becas. Alrededor del 50% de los alumnos son contratados por estas mismas compañías. Actualmente contamos con aproximadamente 100 estudiantes, de los cuales 25 están realizando su práctica.
Nuestro siguiente objetivo es abrir dos grupos por generación y atraer más estudiantes de Centroamérica, pues somos la única universidad especializada exclusivamente en agricultura protegida, con infraestructura productiva real dentro del campus.
Los egresados salen con un perfil muy completo: pueden trabajar tanto en invernaderos como en producción a cielo abierto, y muchos terminan contratados por empresas internacionales.
Entrevista
¿Cómo consideras que está actualmente el mercado de exportación agrícola en México?
Tuvimos años muy buenos donde la industria se consolidó y creció de manera consistente. Pero el tipo de cambio nos golpeó fuerte cuando bajó de 20 a 16 pesos, ya que somos un país eminentemente exportador. Eso afectó a toda la industria durante casi dos años.
Después llegó el virus rugoso que impactó seriamente a los tomates. Y cuando parecía que lo estábamos superando con nuevas variedades, se implementó el 17% de arancel, que prácticamente significa entregar el 17% de tus ventas. Esto ha sido devastador para muchos productores.
Hoy veo a la industria en un momento complicado. Muchos pequeños exportadores ya no pueden enviar su producto porque deben tener una fianza en Estados Unidos, y sin ese respaldo deben vender en el mercado nacional, donde los precios están muy bajos.
Este panorama afecta no solo al tomate, sino también a pepinos, pimientos, cebollas y berries. En general, los precios han estado deprimidos.
Aun así, considero que el mercado terminará estabilizándose. Al final estamos hablando de alimentos, y la demanda siempre está ahí.
¿Es viable buscar otros mercados fuera de Estados Unidos?
En hortalizas, prácticamente no.
Enviar tomates, pepinos o pimientos por avión resulta demasiado costoso, y por barco no resisten el tiempo de tránsito. Lo mismo pasa desde Europa hacia acá.
Ha habido intentos puntuales, como envíos a Japón, pero los costos logísticos hacen que no sea competitivo, además de que ellos también producen.
El aislamiento natural de México por los océanos nos protegió durante muchos años y permitió nuestro crecimiento sin competencia directa. Pero esa misma condición hoy nos impide diversificar hacia otros mercados.
En cambio, productos como berries, aguacate, melón o banano sí pueden llegar a otros destinos y han tenido oportunidades de expansión internacional.
¿Existen nuevas tecnologías que permitan llegar más lejos o conservar mejor las hortalizas?
En genética sí existen variedades más firmes y de mejor calidad, pero no hay una tecnología que por sí misma haga viable llegar a mercados lejanos.
Las innovaciones recientes han estado más enfocadas en fertilización, recirculación, riego, automatización y eficiencia en empaque, buscando reducir costos y mejorar la rentabilidad.
En los últimos diez años avanzamos mucho en estructuras de invernadero, plásticos, mallas y sistemas de producción. Pero el virus rugoso frenó parte de ese desarrollo, pues la prioridad se volvió evitar contagios y mantener la sanidad.
En temas de Post-Cosecha, ¿qué avances consideras más relevantes?
Ha habido grandes avances, sobre todo en empresas exportadoras. Las certificaciones actuales son muy estrictas y exigen cadena de frío, trazabilidad y control total del producto.
Hoy, cada caja tiene identificado el día de cosecha y el invernadero de origen.
Esta parte es fundamental:
aunque produzcas bien, si la post-cosecha falla, pierdes todo el esfuerzo.
Las empresas con superficies de 5, 10 o 15 hectáreas que exportan, normalmente han invertido en cuartos fríos y manejo adecuado. Sin embargo, los productores pequeños que venden al mercado nacional son quienes más pierden. Ahí es donde necesitamos capacitar e integrar más tecnología post-cosecha.
Desafortunadamente en México todavía falta mucha información. Por eso nosotros impartimos un curso de Post-Cosecha, buscando cerrar esa brecha.
Mensaje final
Muchas gracias por la entrevista.
Les deseamos el mayor de los éxitos en su evento de Post-Cosecha.
Centrouniversitarioceickor.edu.mx
Tel: 442)277 5050 ó 442) 980 2592
Email: infouniversidad@ceickor.com.mx














