DCE. Rafael Zamora Vega
DC. José Octavio Rodiles López
DC. Héctor Eduardo Martínez Flores
QFB. UMSNH. Michoacán, México
Los alimentos orgánicos son productos agrícolas, animales o sus derivados que se producen mediante métodos naturales y sin el uso de organismos genéticamente modificados, transgénicos, y con el uso de sustancias lo más respetuosas con el medio ambiente. Esta también es conocida como agricultura ecológica o biológica. Desde un punto de vista estricto, los cultivos orgánicos no pueden usar organismos transgénicos ni sustancias químicas sintéticas, ya sean fertilizantes o plaguicidas.
De acuerdo con la FAO, éstos provienen de un sistema preocupado por mantener la salud de los suelos, ecosistemas y personas, y basados en procesos ecológicos limitando el uso de productos químicos indeseables. La implementación de estos métodos o tecnologías agrícolas o ganaderas minimizan el uso de insumos químicos sintéticos, fomentando así la salud del suelo y la biodiversidad. Hoy en día existe todo un mercado orgánico a nivel mundial que busca una mayor demanda de estos alimentos y reconocidos como “más saludables”, ya que están libres de contaminantes químicos. Además, estos productos tienen menos efectos sobre los ecosistemas, y se consideran “más amigables” con el medio ambiente.
En las últimas décadas, los alimentos orgánicos han pasado de un mercado de consumidores muy específicos a convertirse en un sector con un gran crecimiento a nivel mundial. En México existe una ley de productos orgánicos que establece las bases legales que regulan los aspectos de producción, etiquetado y comercialización de estos productos. Para que un producto lleve el sello de “Orgánico” debe de cumplir con estándares nacionales y verificado por organismos acreditados, garantizando que los consumidores puedan confiar en que los alimentos que se venden como tales cumplan con las características especificadas, es decir, una huerta no puede comercializar un producto como orgánico sin la aprobación oficial del mismo.
En México se calcula que existen más de 200 mil productores que se dedican a la agricultura orgánica, siendo la mayoría de pequeñas comunidades rurales. Este es un punto para considerar, ya que los productos orgánicos tienen mayor precio de venta que los productos convencionales y abre un horizonte comercial a los pequeños productores. Un ejemplo es el maíz… actualmente la gran parte del maíz que se comercializa en México es de origen transgénico, lo que abre la puerta a los pequeños productores de cultivar maíz no transgénico y poderlo comercializar como maíz orgánico.
En el año 2024 se sembraron alrededor de 169,000 hectáreas de producción orgánica certificada, y las cuales se encuentran distribuidas en los 32 estados. Cabe destacar Oaxaca y Chiapas con la producción de café orgánico, Yucatán con miel de abeja, y aguacates en Michoacán, siendo los principales destinos de exportación Estados Unidos, Canadá y varios países de Europa, y en los cuales existen leyes y regulaciones con niveles cada vez más estrictos en cuanto a contenido de residuos químicos. Otros productos importantes son fresas, frambuesas, arándanos, tomates, chile verde, pepinos, mangos, naranjas, limones, maíz azul y blanco, ajonjolí y agaves, y en 2024, se habla de 45 productos orgánicos certificados. La miel y el café manejan la mayor cantidad de productores, pero el aguacate y las berries son las que más dinero generan.
El punto por considerar es el costo-beneficio de estos cultivos, que implican mayores gastos en operación, pero mayores precios de venta. Por ejemplo, la tonelada de aguacate convencional en 2020 era de $1,014 dólares, mientras que el precio de la tonelada orgánica era de $1,537 dólares, y en caso del arándano era de $1,835 la convencional y $2,569 la orgánica. Sin embargo, muchos productores, mencionan que el precio superior de los orgánicos no cubre los gastos de producción y certificación. Un gran reto para el gobierno mexicano.
México exporta productos orgánicos a varios países, pero estos deben ser primeramente certificados como orgánicos a nivel nacional, y con ello, poderlos exportar; “la venta y comercialización de un producto orgánico a nivel mundial debe manejar las mismas reglas”. A nivel nacional el consumo de alimentos orgánicos es bajo en comparación con la producción convencional, y ello debido principalmente a los precios, ya que estos son más elevados que los productos convencionales, siendo esto un reto a futuro y no limitar el acceso de estos a solo ciertos sectores sociales. El mercado mundial de productos orgánicos sigue expandiéndose año con año, lo que abre oportunidades para países como México y América latina. Cabe mencionar que se puede vender un alimento procesado como orgánico, siempre y cuando sus materias primas sean de origen orgánico, lo que abre un horizonte comercial a nivel nacional o mundial. Por ejemplo, se puede vender una mermelada como orgánica siempre y cuando la fruta y el azúcar sean de origen orgánico.
Huerta Orgánica Acreditada
La certificación es un proceso clave para que los consumidores confíen en que los productos que consumen sean realmente orgánicos y no solo se declaren como tales. En México para certificar una huerta como orgánica se debe dar de alta ante el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) que depende de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Como primera fase, la huerta debe dejar de utilizar sustancias prohibidas y pasar un determinado periodo de tiempo, el cual puede variar entre uno o más años, dependiendo el tipo de producción, y también deberá adoptar una serie de buenas prácticas orgánicas de cultivo, antes de solicitar la certificación.
Después de realizar los cambios, el proceso inicia con la solicitud del productor a un organismo certificador acreditado, seguido de la revisión documentada de los insumos utilizados y el plan de manejo agrícola, -aquí debe indicarse todo lo que hace el productor, como el manejo de suelo, rotación de cultivos, control de plagas, fuentes de agua, fertilizantes utilizados, entre otros. Posteriormente, el organismo acreditador realiza una visita e inspección del campo donde se realizarán las tomas de muestras necesarias con la finalidad de comprobar la ausencia de plaguicidas y fertilizantes químicos para verificar que se cumple con las normas de producción orgánica. Finalmente se da el otorgamiento del certificado, el cual deberá de renovarse periódicamente. Una vez que se ha cumplido con los requisitos, el productor podrá utilizar el sello que acredita su producto como “orgánico”.
La producción orgánica certificada es una alternativa viable y saludable para reducir los riesgos que los plaguicidas generan para la salud humana y ecosistemas.
Plaguicidas
Los plaguicidas también conocidos como pesticidas son sustancias diseñadas y utilizadas para controlar organismos considerados dañinos que afectan a los cultivos. Estos incluyen diferentes tipos: insecticidas para controlar insectos; herbicidas para las malezas; fungicidas contra hongos; antimicrobianos contra bacterias y virus; desecantes, que ocasionan la pérdida de agua de ciertos tejidos vegetales y secando así las plagas de origen vegetal; defoliantes, que causan que ciertas especies vegetales pierdan sus hojas, impidiéndoles así la fotosíntesis; rodenticidas utilizados para contrarrestar la presencia de roedores, etc. Sin duda su uso ha aumentado la productividad agrícola, punto básico para alimentar a una población mundial que crece cada vez más. Sin embargo, también surge la preocupación del impacto a la salud al consumidor y el medio ambiente.
Los plaguicidas en forma general se dividen en químicos sintéticos y naturales, estos últimos también llamados biodegradables. Los primeros son creados industrialmente mediante procesos químicos, y los segundos provienen de plantas, microorganismos u otros agentes naturales.
Los plaguicidas químicos son muy buenos para el control de plagas, pero su exposición a ciertas dosis pueden generar severos daños a la salud, ya sea a los trabajadores agrícolas o a los consumidores. Otro problema inherente es su degradación, ya que estos podrían tardar mucho tiempo en degradarse y llegar a los mantos acuíferos y dañar los ecosistemas, además de los suelos. Además, el uso indiscriminado de los plaguicidas químicos ha generado una mayor resistencia de las plagas a los mismos, generando el uso de mayores concentraciones o la creación de nuevos plaguicidas cada vez más tóxicos, así como un daño a la ecología, ya que estos productos están matando a especies benignas que normalmente servían como depredadores de las plagas.
Un ejemplo de plaguicidas químicos son los llamados organofosforados, los cuales son muy utilizados en la agricultura moderna. Hoy se sabe que los organofosforados pueden producir efectos adversos a la salud humana, principalmente por la inhibición de la enzima acetilcolinesterasa. Esta enzima es fundamental para el óptimo funcionamiento del sistema nervioso y los glóbulos rojos, provocando alteraciones en la sinapsis de las células nerviosas; cuando la exposición es aguda podría causar síntomas como nauseas, mareos, vómitos, e inclusive convulsiones, irritación respiratoria y problemas de coordinación motora. Por otro lado, la exposición crónica se asocia con daños neuronales, renales, hematológicos y hasta riesgo de padecer cáncer.
Actualmente los plaguicidas químicos se clasifican en función a su peligrosidad en peligrosidad baja, tóxicos, nocivos y extremadamente tóxicos. Esta clasificación se hace en función a sus posibles daños en seres humanos, ya sea inhalados, ingeridos o por contacto con la piel. Los nocivos implican daños graves que pueden generar secuelas crónicas y hasta la muerte, y los extremadamente tóxicos incluyen daños de tipo agudo que pueden provocar la muerte en muy poco tiempo. Se han hecho varios estudios científicos y las conclusiones son alarmantes, estos químicos pueden generar daños permanentes, incluyendo cáncer, leucemia, neuropatías, teratogénesis (daños al feto durante la formación), además de afectar al sistema reproductivo y respiratorio.
Actualmente se hacen estudios de los plaguicidas para determinar sus rutas de degradación y los posibles efectos sobre la salud humana. Así mismo, estos pueden ser aplicados de diversas formas: gases, aerosoles, polvos, tabletas, y líquidos, y cada una de estas formas presentan diferentes formas de degradación y toxicidad.
Por otra parte, los plaguicidas biodegradables o botánicos surgen como una alternativa más segura. Estos se degradan más fácilmente en el medio ambiente y con menor toxicidad para humanos, animales, y organismos beneficiosos como polinizadores y microorganismos del suelo. Estos plaguicidas promueven la biodiversidad y salud de aguas y suelos. También se ha estudiado los efectos de estos a largo plazo sobre los ecosistemas del suelo, mostrando que, aunque no son totalmente inocuos tienen un perfil ambiental más favorable que los plaguicidas sintéticos convencionales. Estos definitivamente forman parte de una estrategia sostenible y cordial con el medio ambiente, aunque suelen ser más caros y requieren de aplicaciones más frecuentes.
porque tecnología orgánica
La agricultura orgánica ha crecido de manera constante en las últimas décadas, respondiendo a los desafíos importantes de salud y sostenibilidad de una agricultura intensiva moderna. Las regulaciones y certificaciones garantizan transparencia y confianza al consumidor, mientras que los plaguicidas biodegradables son el camino hacia un manejo más seguro de plagas.
México tiene un gran potencial como productor orgánico a nivel mundial, pero uno de los principales problemas es el elevado precio para la producción de estos, y a nivel local, el que la mayoría de la población no puede acceder a estos por sus precios. Lo anterior es debido no solamente a los costos de operación, sino también porque los rendimientos de la agricultura orgánica son más bajos en comparación con la agricultura convencional. Se debe de difundir más los beneficios de estos productos y apoyar a los pequeños productores para que puedan competir con infraestructuras más desarrolladas.
No olvidar el papel de la agricultura orgánica frente al cambio climático. Estudios resaltan que las prácticas orgánicas favorecen la captura de carbono en los suelos, mejoran la biodiversidad y hacen los cultivos más resistentes a sequias e inundaciones. Así mismo, la tendencia actual de los consumidores a nivel mundial es buscar productos más saludables y con el menor daño a los ecosistemas.
Los retos de esta tecnología en México incluyen aumentar la superficie orgánica certificada, promover y capacitar al agricultor para el uso de prácticas agrícolas más responsables, fomentar alianzas entre productores locales, innovar en nuevos productos y ampliar la oferta nacional e internacional para satisfacer la creciente demanda de los mismos y hacer conciencia en los consumidores nacionales sobre los beneficios en la salud y ambientales.
México se incluye dentro de los 10 países con mayor biodiversidad a nivel mundial y esto implica una puerta abierta al cultivo de alimentos tipo orgánicos promoviendo el desarrollo para pequeños productores y con ello poder exportar sus productos.














